martes, 24 de noviembre de 2015

Mi ducha

El agua caía sobre mi cuerpo desnudo, mientras que con los ojos cerrados, alzaba la cabeza hacia el chorro de la ducha, lavándome el cabello. De pronto unas manos cerca de mi cintura, lo sabía antes de que llegaran a tocarme, pude sentir antes su respiración en mi cuello, lo supe era él, me tomaba por detrás, me acercó a él y comenzó a tocarme primero mis senos con mucha suavidad sintiendo lo erecto que estaban, y mi piel totalmente erizada, luego comenzó a bajar una de sus manos cerca de la cintura, el agua seguía corriendo sobre mi cuerpo, su lengua estaba en mis hombros, mi cuello y luego mi oreja, solo él sabe besarme de esa forma que me enloquece, comencé a gemir, sin darme cuenta ya tenía la mano izquierda llegando a donde mis labios se abrían para darle entrada, me torturaba, bajaba hacia mis muslos, y subía nuevamente, sabía que estaba tan húmeda, que jugaba conmigo y me encantaba, le pedí que no me torturara más, me dijo estas tan húmeda, le dije lo estoy por ti, por favor  entra en mí, hazme ver lo bien que se siente cuando estás enterrado profundamente en mi, gimiendo y moviendo las caderas contra la mano de él.

Cuando sus dedos y mi sexo entraron en contacto, todo lo de mí alrededor se desvaneció, quedando solo el contacto entre mi propia piel y la de él. Él deslizó sobre toda mi humedad mientras que yo me arqueaba contra su mano, queriendo que me masturbara con los dedos.

Él obedeció a todos mis deseos, siempre lo hace, metiendo un dedo en mi interior, sacándolo y metiendo un segundo, volviéndolos a sacar para acompañarlos de un tercero. Las paredes de mi sexo se cerraron sobre sus dedos, apretando y provocando que no resistiera más y desease ansioso cambiarlos por su miembro. Sin embargo gemí y rogué que esperara a que llegara en su mano. Entonces, él hizo todo lo que pedí, aumentando la velocidad, apretando con fuerza mi pecho izquierdo, mordiendo mi hombro, clavándome los dientes haciendo que me quedara ronca de tanto gritar. Comencé a lloriquear cuando no pude seguir aguantando más y llegue al orgasmo, mientras oleadas de estremecimientos hicieron que mojara sus dedos.

Las piernas se me habían vuelto gelatina, y apoye todo mi peso en el, mientras que él, esperando a que me recuperara rápidamente, subió la otra mano que había utilizado para darle placer por la cintura, hasta llegar a mis labios, sabía que él quería que chupara sus dedos,  así que lo hice succionando y mordiendo, haciéndole imaginar cómo sería si en lugar de sus dedos fuera su pene.

Perdió el control y, en la bruma de la pasión y el vapor, me colocó en frente de las baldosas, pegándome contra ellas y dejándome sin nada a lo que pudiese agarrarme cuando comenzara lo que tenía en mente. Con sus manos colocadas en cada uno de mis glúteos, los abrió y metió su miembro en el agujero que había entre ellos. Jadee y el mientras iba siendo generoso mientras lo metía dentro de mí.

Comenzó a mover sus caderas, saliendo y entrando, con fuerza e ímpetu, deseoso de llegar a donde yo deseaba. Su fuerza me dejaba gimiendo, lloriqueando cada vez que entraba más y más fuerte que la vez anterior.
Mis manos se agarraron con fuerza a su brazo, clavándole las uñas, intentando no derrumbarme. Él seguía moviéndose, fuerte, duro y sin compasión.  Cerró la mandíbula con fuerza mientras que con la mano que tenía apoyada en la pared, la llevaba a mi pelo, tirando de él, colocando mi boca junto a su oído y yo jadeando contra él mientras cerraba los ojos con fuerza, incapaz de continuar.

La fricción, el morbo, la pasión y el descontrol hicieron que el éxtasis llegara antes para mí, haciéndome gritar de nuevo, había entrado y salido tantas veces de mí, que no podía ni recordarlo, salió de mí y dándome la vuelta, me agachó delante de él.  Yo, arrodillada ante él, agarre su pene que estaba tan grueso que solo quería lamerlo, así que subiendo desde la base hacia la cabeza, apretando, mientras que él gritaba echando la cabeza hacia atrás, corriéndose en mi cuello, pechos y labios.

Se apoyó en la pared, satisfecho y cansado, entonces agarro mis manos y me levantó, besándome mientras que el agua seguía cayendo sobre nosotros, caliente como nuestros cuerpos y rápida como las anteriores embestidas.


Como lo amo…

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Contigo


Esa noche lo quería en mi cama de un modo inocente,
 lo quería para abrazarlo, para verlo dormir, para oírlo roncar,
 para sentir sus latidos, para verlo despertar, y decirle que era lo que siempre había soñado,
 despertar a su lado...

lunes, 9 de abril de 2012

Una Imagen


Puede significar tantas cosas...


¿Que estoy sintiendo?
Estoy confundida tratando de descifrar que siento



lunes, 12 de marzo de 2012

Pecados




¿Está mal querer comer otra vez de la fruta de ese árbol prohibido?

Coplas del Vino

Nervioso, pero sin duelo
a toda la concurrencia
por la mala voz suplico
perdón y condescendencia.

Con mi cara de ataúd
y mis mariposas viejas
yo también me hago presente
en esta solemne fiesta.


¿Hay algo, pregunto yo
más noble que una botella
de vino bien conversado
entre dos almas gemelas?


El vino tiene un poder
que admira y que desconcierta
transmuta la nieve en fuego
y al fuego lo vuelve piedra.


El vino es todo, es el mar
las botas de veinte leguas
la alfombra mágica, el sol
el loro de siete lenguas.


Algunos toman por sed
otros por olvidar deudas
y yo por ver lagartijas
y sapos en las estrellas.


El hombre que no se bebe
su copa sanguinolenta
no puede ser, creo yo
cristiano de buena cepa.


El vino puede tomarse
en lata, cristal o greda
pero es mejor en copihue
en fucsia o en azucena.


El pobre toma su trago
para compensar las deudas
que no se pueden pagar
con lágrimas ni con huelgas.


Si me dieran a elegir
entre diamantes y perlas
yo elegiría un racimo
de uvas blancas y negras.


El ciego con una copa
ve chispas y ve centellas
y el cojo de nacimiento
se pone a bailar la cueca.


El vino cuando se bebe
con inspiración sincera
sólo puede compararse
al beso de una doncella.


Por todo lo cual levanto
mi copa al sol de la noche
y bebo el vino sagrado
que hermana los corazones.


Nicanor Parra

miércoles, 7 de marzo de 2012

Pensando

Hoy me puse a pensar...

Que me besas despacio, que me mimas y me consientes, que comienzas a besarme, iniciando suavemente desde mis pies, y subiendo lentamente por mis piernas, y realizas un recorrido tranquilo y pausado, y mientras tanto estas gozando de cada uno de mis poros, sintiendo como se erizan a tu paso hasta llegar a mi cáliz sagrado para que te bebas mi néctar preciado.... Si, eso es lo que me imagino, pero de la imaginación a la realidad solo es necesario el deseo, así que...




¿Que tal si nos animamos y convertimos este pensamiento en realidad, en algo palpable que ambos podamos sentir y disfrutar?